Curiosidades - Informaciones
El paseo de Emilio
SANTUARIO DE SOROCABA
El pasado viernes, 18 de mayo, era un dia rutinero en el Santuario de Sorocaba (S.Paulo, Brasil), que estaba terminando para nosotros, humanos, que trabajamos con los chimpancés y los otros huespedes. Yo estaba acompañando la aproximación de Jimmy con Carol, que es la madre adoptiva de Sofia y Sara, cuando Samantha disfruta de algunos dias de asueto con su grupo, el de Guga, cuando una tratadora vino corriendo y sin respiración, me dijo que Emilio habia escapado.
Emilio es uno de los primeros chimpancés que fundaron el Santuario, junto con Guga, Samantha y Noel, parte del grupo inicial. Durante más de seis años ibamos con ellos al bosque bien temprano cada mañama, donde ellos jugaban y después regresaban en el vehiculo con nosotros a sus recintos. Emilio creció y mucho. Hoy ya es un adulto y muy fuerte. Sus brazos son mayores que los del boxeador Mike Tyson, sin embargo, él es extraordinariamente delicado y sociable.
Emilio vino de un Criatorio Comercial que existía en la ciudad de Morrete, en el Estado de Parana, Sur del Brasil, actualmente cerrado, de donde vinieron todos nuestros primeros chimpancés. Es hijo de Gilberto y Margareth, que viven también con nosotros. Como todos los hijos de Margareth, tienen una genética de delicadeza, amistad y bajo nivel de agresividad. Noel también es así, como Kate, la chimpancé que protagonizó el papel de Chico en la novela Caras y Bocas, de la Rede Globo de TV.
Emilio salió por la puerta de la Escuelita, por un descuido de las tratadoras. A pesar de existir puerta dupla, solo una estaba cerrada y de la forma erronea, de lo que él se dió cuenta de inmediato y la abrió, después de rebentar el candado existente por dentro. Las puertas nuestras tienen unas orejas por dentro para colocar candado, de forma que, yo pueda entrar con ellos y cerrarme por dentro. El sistema de cierre externo es complejo, que no permite abrir desde dentro, especialmente cuando el candado externo está cerrado. Aquí la situación era más complicada, ya que además del candado no estar cerrado, esta puerta tenía un hueco mayor que le permitía a él meter la mano y abrir la cerradura.
Cuando la tratadora que estaba limpiando otro recinto proximo, fue a ver el ruido que Emilio estaba haciendo para forzar la puerta, se encontró ya con él fuera, y sin tocarla, salió a la libertad.
Cuando llegué de carro, ya que estaba algo distante, me encontré con Emilio visitando el criatorio de los monos menores, intentando jugar y provocar a los mismos. La veterinaria Pollyana lo seguía de cerca. Ella es relativamente nueva en el Santuario y se sentía realizada, ya que siempre tuvo contacto con Emilio por las rejas y ventanas, pero nunca cuerpo a cuerpo. Emilio cuando se encontró con ella la abrazó y después siguió su camino. Yo también comenzé a seguirlo de cerca. Cuando el vió el mandril Zecao quedó facinado, debido a los colores en su rostro. Quería jugar con él, pero le advertí que lo iba a morder.
Mientras tanto, todos los funcionarios que no tenían intimidad con él estaban recluidos en areas seguras y apenas las tratadoras que lo conocían lo seguian de cerca. También guardamos los perros, ya que él le gusta jugar y al mismo tiempo pelear con ellos, pero si golpeaba a alguno de ellos lo podría matar en un instante, así que era mejor precaver. Después de visitar los monos araña, los capuchinos, los saguis y los gibones, lo convencí de ir para la casa. Entró en la sauna y salió, de ahí lo llevé al cuarto de la bebe Suzi de 11 meses, que estaba en otro local. El entró en el mismo para jugar con los juguetes de ella, y aproveché para cerrar la puerta a su espalda. Este cuarto se comunica con la casa y con sus dormitorios y recintos, así que entré por otra puerta y lo llevé para su recinto original.
En los días siguientes, él intentó abrir de nuevo la puerta, más estaba con el candado cerrado y días más tarde cerramos el hueco que le permitía meter toda la mano. El percibió que aquella fue su unica chance de disfrutar de un paseo por el Santuario. Cuando Emilio era bebe, andaba por toda aquella area y quería revivir sus memorias de infancia.
Es una verdadera lastima que seres como Emilio, sociable, delicado, cariñoso, no pueda vivir más en libertad y tenga que ser condenado a una existencia prisionera. Por mejor que sea el recinto y la compañía, siempre serán prisioneros por causa de la incompetência humana.
Dr. Pedro A. Ynterian
Presidente, Proyecto GAP Internacional
El pasado viernes, 18 de mayo, era un dia rutinero en el Santuario de Sorocaba (S.Paulo, Brasil), que estaba terminando para nosotros, humanos, que trabajamos con los chimpancés y los otros huespedes. Yo estaba acompañando la aproximación de Jimmy con Carol, que es la madre adoptiva de Sofia y Sara, cuando Samantha disfruta de algunos dias de asueto con su grupo, el de Guga, cuando una tratadora vino corriendo y sin respiración, me dijo que Emilio habia escapado.
Emilio es uno de los primeros chimpancés que fundaron el Santuario, junto con Guga, Samantha y Noel, parte del grupo inicial. Durante más de seis años ibamos con ellos al bosque bien temprano cada mañama, donde ellos jugaban y después regresaban en el vehiculo con nosotros a sus recintos. Emilio creció y mucho. Hoy ya es un adulto y muy fuerte. Sus brazos son mayores que los del boxeador Mike Tyson, sin embargo, él es extraordinariamente delicado y sociable.
Emilio vino de un Criatorio Comercial que existía en la ciudad de Morrete, en el Estado de Parana, Sur del Brasil, actualmente cerrado, de donde vinieron todos nuestros primeros chimpancés. Es hijo de Gilberto y Margareth, que viven también con nosotros. Como todos los hijos de Margareth, tienen una genética de delicadeza, amistad y bajo nivel de agresividad. Noel también es así, como Kate, la chimpancé que protagonizó el papel de Chico en la novela Caras y Bocas, de la Rede Globo de TV.
Emilio salió por la puerta de la Escuelita, por un descuido de las tratadoras. A pesar de existir puerta dupla, solo una estaba cerrada y de la forma erronea, de lo que él se dió cuenta de inmediato y la abrió, después de rebentar el candado existente por dentro. Las puertas nuestras tienen unas orejas por dentro para colocar candado, de forma que, yo pueda entrar con ellos y cerrarme por dentro. El sistema de cierre externo es complejo, que no permite abrir desde dentro, especialmente cuando el candado externo está cerrado. Aquí la situación era más complicada, ya que además del candado no estar cerrado, esta puerta tenía un hueco mayor que le permitía a él meter la mano y abrir la cerradura.
Cuando la tratadora que estaba limpiando otro recinto proximo, fue a ver el ruido que Emilio estaba haciendo para forzar la puerta, se encontró ya con él fuera, y sin tocarla, salió a la libertad.
Cuando llegué de carro, ya que estaba algo distante, me encontré con Emilio visitando el criatorio de los monos menores, intentando jugar y provocar a los mismos. La veterinaria Pollyana lo seguía de cerca. Ella es relativamente nueva en el Santuario y se sentía realizada, ya que siempre tuvo contacto con Emilio por las rejas y ventanas, pero nunca cuerpo a cuerpo. Emilio cuando se encontró con ella la abrazó y después siguió su camino. Yo también comenzé a seguirlo de cerca. Cuando el vió el mandril Zecao quedó facinado, debido a los colores en su rostro. Quería jugar con él, pero le advertí que lo iba a morder.
Mientras tanto, todos los funcionarios que no tenían intimidad con él estaban recluidos en areas seguras y apenas las tratadoras que lo conocían lo seguian de cerca. También guardamos los perros, ya que él le gusta jugar y al mismo tiempo pelear con ellos, pero si golpeaba a alguno de ellos lo podría matar en un instante, así que era mejor precaver. Después de visitar los monos araña, los capuchinos, los saguis y los gibones, lo convencí de ir para la casa. Entró en la sauna y salió, de ahí lo llevé al cuarto de la bebe Suzi de 11 meses, que estaba en otro local. El entró en el mismo para jugar con los juguetes de ella, y aproveché para cerrar la puerta a su espalda. Este cuarto se comunica con la casa y con sus dormitorios y recintos, así que entré por otra puerta y lo llevé para su recinto original.
En los días siguientes, él intentó abrir de nuevo la puerta, más estaba con el candado cerrado y días más tarde cerramos el hueco que le permitía meter toda la mano. El percibió que aquella fue su unica chance de disfrutar de un paseo por el Santuario. Cuando Emilio era bebe, andaba por toda aquella area y quería revivir sus memorias de infancia.
Es una verdadera lastima que seres como Emilio, sociable, delicado, cariñoso, no pueda vivir más en libertad y tenga que ser condenado a una existencia prisionera. Por mejor que sea el recinto y la compañía, siempre serán prisioneros por causa de la incompetência humana.
Dr. Pedro A. Ynterian
Presidente, Proyecto GAP Internacional








